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MESSI vs RONALDO. Cómo aplicar la actitud de los jugadores a la mejora de las empresas

Cuando preguntan quien de estos dos grandísimos jugadores es mejor que el otro, acostumbran a aparecer los colores de la camiseta o preferencias y puede llegar a perderse la objetividad. Y cuando nos posicionamos a favor de uno, parece como si denostamos al descartado y perdiera todas sus aptitudes. Por este motivo me gustaría antes de posicionarme describir qué aspectos me gustan de ambos jugadores y cómo podemos aplicarlo a la gestión de una empresa, un club y el talento de su cantera.

Existen varias estadísticas para intentar justificar la decisión de quién es mejor de estos dos magníficos jugadores. Sin embargo, son dos perfiles diferentes de jugador que reúnen muchas características, aptitudes y actitudes en común.

En mi opinión ambos jugadores son la perfecta expresión de la profesionalidad, siguen una rutina estricta y realizan todo lo necesario para ser un deportista profesional de élite. También son humildes y mantienen sus círculos de amistades desde la niñez, manteniendo una estrecha relación con su familia, siendo la base que les ayuda a tener los pies en la tierra.

Si tuviéramos que clasificar en dos grupos a todos los jugadores que llegan a un club para formarse podríamos decir que, aunque todos pueden llegar a ser futbolistas o deportistas profesionales, unos necesitarán de más perseverancia y esfuerzo que otros para encontrarse al mismo nivel. Esto no significa que se pueda conseguir en todos los casos sin sacrificio, esfuerzo ni superación. Pero con regularidad se dan dos perfiles, el genio y el trabajador infatigable.

El genio es aquel jugador que tiene un don, una aptitud natural que le permite destacar rápidamente sobre el resto. A todos nos viene a la memoria las jugadas de Messi cuando hablamos de genialidades del fútbol. Sin embargo, este poder conlleva una responsabilidad, que no es otra que desarrollarlo. Lo que significa que existen muchos genios, pero no todos han sido aplicados y han tenido la actitud necesaria y por ello se han apagado, al volverse perezosos y holgazanes y sucumbir al lado oscuro de la fuerza, lo que les ha llevado a verse superados por jugadores sin genialidad pero con un objetivo claro y actitud de superación que les ha hecho ser cada vez mejores.

Lo que valoro de un jugador como Messi no es que sea un genio, puesto que esta cualidad le ha venido impuesta por el azar como un don. Sino su perseverancia, su afán de superación que lo ha hecho cada año mejor jugador, mejorando parcelas de su juego, de su estado físico. Lo verdaderamente valorable es precisamente que no se conformara con su genialidad, sino haberla desarrollado y mejorado temporada tras temporada hasta convertirse en el mejor jugador del mundo.

El otro grupo es en el que nos encontramos la mayoría, no somos genios pero nos gusta el deporte que practicamos. Ahora bien, si trabajamos con determinación y con un objetivo claro, empezamos a desarrollar la confianza necesaria para ser cada día mejor. Necesitamos de mucho esfuerzo y autodeterminación, pero podemos valorar y observamos las mejoras que nos van llevando a superarnos cada día hasta ser jugadores profesionales. En este grupo añadiría a Ronaldo, en el que su nivel de auto exigencia y disciplina son encomiables y difíciles de ver en otro jugador y que del mismo modo le hacen mejorar año tras año.

Ambos jugadores tienen una actitud inquebrantable y trabajan en un plan de mejora continua de sus habilidades como jugadores, lo que recomiendo adaptar y aplicar a la gestión de una empresa, o un club y en todas sus áreas.

En casos excepcionales, cuando un genio tiene determinación, actitud de sacrificio, esfuerzo y afán de superación que le hace ser cada día mejor llegamos a encontrar entonces a una superestrella del deporte como es el azulgrana.

Y esto es lo que ocurre en las empresas, en los clubes y en las canteras. Necesitamos procurar de las herramientas necesarias para analizar y detectar a estos jugadores, deportistas, profesionales, técnicos y trabajadores para estudiar toda la información que podamos obtener, estructurarla y tomar las decisiones más eficaces. Un segundo paso después de detectar este talento es hacer un seguimiento y conseguir facilitar su desarrollo hasta conseguir su máximo nivel. Cuantos jugadores habrán sido descartados precozmente, que si hubieran gozado de una segunda oportunidad podrían ser ahora profesionales. El fútbol profesional está plagado de ejemplos de superación de estas adversidades.

Los jugadores de las canteras, las personas que forman un club o una empresa empiezan su andadura con ilusión. Los dirigentes debemos informar y asesorar de manera clara sobre las directrices, dando un margen de libertad a todos ellos para que desarrollen su parcela de competencia y siguiendo un objetivo común para mejorar cada día. Descubriendo y potenciando las habilidades de todos, para que puedan desarrollarse en colaboración y de manera solidaria con sus compañeros. Procurando conseguir liderazgos en los grupos por el respeto y la idoneidad de sus decisiones, y no por imposición de su autoridad. Las buenas prácticas y hacer lo correcto es más fácil una vez se empieza a poner en práctica y es asumido por todo el club o empresa como lo normal y habitual. No son válidas ni las justificaciones ni los reproches, debemos dar herramientas y soluciones a los problemas. Destacando que las recompensas en ocasiones son más valoradas por todos a través de reconocimientos públicos ante sus compañeros por el sacrificio y resultados obtenidos, más que por el dinero, bonificaciones o gratificaciones que puedan percibir.

Si queremos que nuestros jugadores y trabajadores puedan dar sangre, sudor y lágrimas por la camiseta, su club o su empresa, debemos dar ejemplo con nuestra actuación y también hacer cosas por ellos, desde reconocimientos, a mostrar respeto, colaboración, brindar formación, ayuda y soporte cuando es necesario. Todos estos detalles son los que provocan una vinculación con el club y la empresa que van más allá de la obligación del contrato, creando una responsabilidad autoimpuesta para hacer algo más y mejorar el rendimiento del juego del equipo, de la cantera, del club o de la empresa.

Por cierto, no he dicho qué jugador es mejor que otro, aunque he de admitir que disfruto de ambos como jugadores y el hecho de aplicarlos como modelos y sistemas de gestión de clubes y canteras es reconocimiento del gran valor y respeto que profeso por ambos.

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